jueves, 23 de febrero de 2012

Amores del pasado


Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mis labios una frase de perdón...
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: "¿Por qué callé aquél día?"
y ella dirá. "¿Por qué no lloré yo?"

                            Rima XXX, Bécquer


Teniendo el libro en casa y pudiéndolo consultar en cualquier momento, por alguna extraña razón, te paras en ese rincón de la librería, abres por una de sus hojas al azar y lees el primer poema que hay. Eso te lleva a una vorágine de recuerdos y sentimientos, es cuestión de segundos, quizá minutos, no lo recuerdas, pero para ti, podría haber sido una eternidad.

Te preguntas, como Bécquer:
¿Por qué no habré hablado aquél día?
¿Por qué callé lo que en realidad sentía?

La vida y sus situaciones te hacen escoger, blanco o negro, derecha o izquierda, quedarte o partir… y decides partir, marcharte lejos, o quizá no tanto, quizá tan solo al pueblo de al lado, o a unas cuantas manzanas, qué más da, huir. Huir de la forma más cobarde. Rehaces tu vida, la otra persona también, pero a veces te preguntas, ¿Qué habría pasado si…? Y empiezas a imaginar, a hacer suposiciones: viviría en otro lugar, habría conocido nuevas personas, mi trabajo sería diferente. Idealizas esa situación, todo habría sido perfecto, porque claro, en tu escenario no hay sitio para discusiones, malos momentos o rupturas, en tu mente no cabe la posibilidad de que pudieras estar en un tercer lugar, ni en el que estás ni en el que proyectas, sino otro, ya que ese mundo ideal tampoco funcionó. Pero te da igual, es tu mente, tu imaginación, y lo manejas a tu antojo. Crees que tu vida habría sido más emocionante, más divertida, sin monotonía… y entonces, le echas de menos… Pero luego vuelves a la realidad y sabes que eso no es posible, que tanto aquí o allá las cosas acaban siendo iguales, que eres tú quien debe encargarse de hacer que sea especial.

Cierras el libro y vuelves a casa, a tu vida, pero sigues con ese sabor agridulce que deja el mirar atrás, el pensar en el pasado, como cuando por una dichosa casualidad, el último gajo de esa dulce mandarina resulta ser el más agrio de todos, y recuerdas la dulzura pero ahora tienes un sabor agrio, recuerdas la felicidad pero hay algo que te quema…


Y con mema inocencia te preguntas
con ojos a punto de enloquecer
si es esto lo que tantos llamarán
un amor platónico, un amor cruel,

¿es perfección de amor dulce e indefenso,
amor que siempre perdura en tu ser?
O simple y meramente son recuerdos
de lo que pudo haber sido y no fue.



2 comentarios :

  1. Me encanta este libro...

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  2. No hay nada más dañino para un hombre que sus recuerdos. Por suerte o desgracia, los barcos zarpan, mar adentro, llenando el cielo de volutas de vapor, efímeras pero eternas. Como los recuerdos.

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