miércoles, 4 de mayo de 2011

Roles


Ahí está otra vez, mirándome fijamente. ¿Por qué lo debe hacer? ¿Me está acosando? Me escondo tras la cortina para evitar el contacto directo, pero sé que sabe que estoy en casa. Él en cambio no se esconde, con la ventana abierta de par en par observándolo todo. ¿Acaso no tiene una vida? Casi siempre que miro ahí está él. Su ventana da a la parte trasera, así que el otro día hice cálculos y supuse cual era el número de su casa. Pasé por delante pero no vi nada raro, nada fuera de lo común, tan solo que no había nombre en el buzón.

Y otra vez lo encuentro mirando… Como entre ventana y ventana debe haber unos cincuenta metros no alcanzo a ver qué es lo que hace. Intrigado aporreo la puerta de varios vecinos. Por fin uno de ellos, el hombre mayor del segundo tiene lo que busco. Vuelvo a casa y me pongo a mirarle con los prismáticos para descubrir que en realidad está sentado frente a un ordenador. De vez en cuando mira hacia aquí de reojo, pero parece tener cara de susto, ¿o es indiferencia?

Me alejo unos pasos y encuentro mi reflejo en el cristal. Lo que veo me hiela la sangre. ¿Qué estoy haciendo? ¿Cuándo se han intercambiado los papeles? Está claro quién es aquí el acosador. Yo.


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