domingo, 13 de febrero de 2011

Dulcelina

Hoy traigo una primera entrada de este tipo, hasta ahora solo había publicado relatos cortos, pero como ya dije, me gustaría que en el blog hubiera un poco de todo.

Ayer, cuando fui a cambiarme de ropa para ponerme el pijama, al sacarme el jersey, me vino una ráfaga del aroma de mi propio perfume. No es algo raro, pero ayer, esa acción me trajo a la memoria un recuerdo que estaba bien guardado en un rinconcito.


                                       Dulcelina en forma de pastel.


Os preguntareis qué es eso azul turquesa y rosa, pues bien, en España se llamaban Dulcelina, aunque su nombre original era Cupcakes Dolls, y es una muñeca que en los años 90 causaron furor. Seguro que las lectoras se acordaran de ellas. Eran unas muñecas que bajo su vestidito de tela tenían una falda de goma, para poder darles la vuelta y convertirlas en pastelitos usando el sombrero como tapa. Lo mejor de todo es que tenían un irresistible olor a cosas dulces, a chucherías.

He estado investigando por internet y resulta que había varias colecciones, con diferentes modelos de vestidos, tapas y olores: rubias, morenas; vestidos azules, verdes, rosas; con olor a fresa, a mora, a cereza, etc. Ésta que veis aquí es la versión que yo tenía: Sugar Puff de la colección Cotton Candy.


                                       Dulcelina en su forma de princesa.


Me la trajo el Ratoncito Pérez cuando se me cayó mi primer diente. Yo siempre he sido muy cuidadosa con mis juguetes, incluso demasiado, hasta el punto de no jugar con las muñecas para no despeinarlas, así que básicamente lo que hacía con Dulcelina era peinarla y pasarme horas oliéndola, eso cuando no me moría de ganas de morderla. ¿A que no adivináis a qué olía mi Dulcelina?

Hoy en día ya no se fabrican y solo se pueden conseguir de segunda mano y algunas de ellas no están precisamente bien cuidadas.  Así que habrá que rebuscar o contentarse con fotos y recuerdos.

Con los traslados que he vivido le he perdido la pista a mi pequeña princesita de golosina, y la verdad que es una pena, porque me encantaría volver a convertirla en pastelito y oler su dulce aroma.


6 comentarios :

  1. Que bonito!!! Me encanta esta entrada!!! Espero mas como este tipo, no solo de relatos.
    Felicidades, un 10!

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  2. Pero que me dices, no la tienes? :(

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  3. ooooooooooooooooooooooooh!!!! yo tmb recuerdo tener una...es mas seguro q mas de una vez hemos jugado juntas con estas muñequitas,te quiero!

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  4. Me alegro que el cambio de aires en las entradas os haya gustado y que hayais recordado momentos de hace unos cuantos años. ¡Gracias por comentar!

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  5. Me hubiera gustado hacerme con alguna para mi hija. Lástima que apenas se puedan encontrar ya, como dices. Aunque fíjate, no me extraña que no las fabriquen hoy día; seguro que hay algún artículo que lo impida en estas legislaciones modernas: ya sea por incitar a la ingesta de productos fabricados con azúcares de absorción rápida, ya por generar aromas artificiales que puedan hacer que algún peque les arranque la nariz de un mordisco...

    Sí, nuestros juguetes, nuestros aromas, nuestras infancias... nuestra historia, en definitiva.

    Gracias a ti por el apunte.

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  6. Tenía esa misma! Y ahora busco una colonia parecida a ese aroma.. :(

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